miércoles, 22 de octubre de 2008

Tzvetan Todorov: La conquista de América: el problema del otro [1].


El ensayo de Todorov empieza con una frase ilustrativa que traza la aventura de una búsqueda: “Quiero hablar del descubrimiento que el yo hace del otro”. Y dice luego: “…mi interés principal es más el de un moralista que el de un historiador; el presente me importa más que el pasado”. ¿No es en realidad ésta la tarea de todo historiador? ¿Qué elige mostrar un historiador cuando hace referencia a tal o cual episodio?
Puntualmente, si Todorov se plantea el análisis del proceso de la conquista y la eliminación sistemática de la población nativa de América, es claro, dicha conquista es una metáfora, un símbolo, de la eliminación del otro bajo la figura del mayor genocidio de la humanidad; es decir, la confrontación con la otredad llevada al paroxismo.
En ése contexto, fines del siglo XV principios del XVI, se degrada la diferencia en desigualdad. Es claro: lo diferente pierde su condición de sujeto o nunca la adquiere. Los españoles traen la civilización, son la civilización; los nativos son bárbaros. Se los aniquila, tortura o esclaviza por la simple y sencilla razón de “no querer mudar costumbres”, como refirió Pedro Mártir en una de sus relaciones. La mentalidad del español se reduce a: “ellos deben ser como nosotros, o no ser”.
Pero esto es sólo una ilusión. Hay más: la diferencia es tanta que los españoles lo ven como algo esencial. Los nativos no pueden (ni quieren) ser “civilizados”. Son peor que animales; son objetos. Hay dos posibilidades entonces: o se los esclaviza o se los aniquila.

El pensamiento clásico occidental ampara la moral española y su proceder. Es Aristóteles en su Política quien establece la distinción entre quienes han nacido para amos y quienes para esclavos. El filósofo español Juan Ginés de Sepúlveda justifica en el siglo XVI el proceder de la civilización sobre la barbarie americana con este texto lapidario: “el imperio y dominio de la perfección sobre la imperfección, de la fortaleza sobre la debilidad, de la virtud excelsa sobre el vicio”[2].

Cómo no releer los acontecimientos de la conquista de América en íntima relación con las sangrientas afrentas de los siglos siguientes. El acto moral de condenar el exterminio del otro, en la América de la conquista, en la Alemania nazi, en la Rusia de Stalin, en el Chile de Pinochet, en la guerra de Irak o Afganistán (lugares comunes), en el sistema capitalista de la actualidad en cualquier parte del mundo; bajo la figura del racismo y la discriminación, dónde sea como sea y bajo cualquier circunstancia, no se reduce, no puede reducirse a señalar con el dedo la patética antinomia del bien/mal sino que propone entender, desentrañar, poner a la luz, de-velar, conocer los procesos sociales que los constituyeron, que los constituyen, con el fin de no repetirlos en el presente ni en el futuro. ¿No levantan muchos la bandera de la democracia? ¿Y qué es democracia si no la inclusión y aceptación del otro como igual y como sujeto en la infinita variedad cultural que propone un mundo globalizado?

Oscar Wilde en El alma del hombre bajo el socialismo, dijo: “…el altruismo consiste en dejar a los demás vivir a su antojo, sin entrometerse en sus vidas. El egoísta tiende a crear a su alrededor una completa uniformidad de tipos. El hombre sin egoísmo se siente encantado de ver a su alrededor una variedad infinita de tipos, la acepta, la aprueba y se complace en ella”.
Esta lectura entre muchas posibles.

La conquista de América, de Tzvetan Todorov, no es un libro más que juega al exotismo con la historia. Es la apuesta de un intelectual por un mundo mejor.

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[1] Tzvetan todorov, La Conquista de América, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.

[2] Sepúlveda, J. Ginés de, Demócratas alter, citado por Todorov en La Conquista de América, pag 186.


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Por Franco Nicoletti

jueves, 2 de octubre de 2008

Clientes... (una especie de antología)

*Señora de buen vestir y grandes aretes, bañada en un perfume dulzón:
-Hola nene. Busco un libro que no me acuerdo el título, pero es algo así como Una granja formidable, de un autor español, Raúl... No me puedo acordar el apellido.
-¿Pero es una novela? ¿Un ensayo? –pregunto.
-Novela, novela. En realidad nació en España pero de chico vive en Argentina. Es muy conocido.
-Vive acá… Muy conocido…
-¿Tan difícil puede ser? Buscá en la computadora: Una granja formidable.

Busco… intento… reintento. Nada.

Se me viene en mente un escritor que… No; me digo. No puede ser ése. Debe ser otro. Me focalizo en los esfuerzos de la señora por explicarme qué libro quiere.
-Pero ¿puede ser posible? ¿No está el encargado? Vos sos muy jovencito.
-Y qué tiene que ver, señora. Estoy pensando.
-Le hicieron una nota en la revista de Clarín, el domingo.
Sí, era ése. Entonces no sé de qué manera decirle:
La tierra incomparable, de Antonio Dalmasetto.
Camino hasta el libro y se lo traigo. Pero esta señora no sabe perder. Entonces acota:
-Viste que no podía ser tan difícil.
..
Por Franco Nicoletti
..
*Veinte mil lenguas de viaje submarino, por Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne.

*Anselmo novillolargo, por Anselmo tobillolargo.

*Antígona rápida, por Antígona Vélez, de Marechal.

*La Guitarrilla, por La Gitanilla de Cervantes.